miércoles, mayo 10, 2006

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Pobre mujercita que mendiga afecto
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Un día cualquiera me llegó un mail cualquiera. Uno de esos tantos que me enviaba hablándome de lo que hacía de su tiempo, de su vida. Esa que él decía querer compartir conmigo.

Lo que tuvo de particular ese mail – fue la firma con que lo celló.

“Tu gallinazo”

¿Gallinazo?

Fiel a mi costumbre - de recurrir al diccionario cuando no conozco el significado de una palabra, corrí a él y a pesar de que encontré una definición seguí sin entender...
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Seguí ojeando la hoja hasta llegar a la palabra “gallo”. Leí cada una de las muchas acepciones y llena de inseguridad decidí creer que se refería a la acepción número 5.

Hombre fuerte, valiente”.

Mi mentalidad europea no terminó de entender porqué se hacía llamar “gallinazo” así es que opté por "hacerme la sueca".

Otras alternativas que ofrece la Real Academia Española son:

* Nota falsa y chillona que emite quien canta, perora o habla.

* Esputo, gargajo.

* Corcho que flota en el agua para indicar el lugar en que se ha fondeado la red.

* Ropa usada.

* Clítoris

* * *
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Muchos mails más tarde, leyendo, en el Hotel De Las letras en Madrid, uno que le había enviado a su amante ibicenca, me enteré que él le había cacareado como toda respuesta a una indignada acusación que ella le hacía. Lo llamaba "gallina”.

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¡Gallina!

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Esta vez no necesité recurrir al diccionario de la RAE. Tenía – a pocas cuadras de distancia - la Academia misma con sus tantísimos académicos – de números y electos – a mi plena disposición.

Comparé fechas y horas en el contenido de nuestros buzones electrónicos y pude constatar que después de que ella lo "llamara por su nombre" tardó 7 minutos en redactar, de un sólo plumazo, una carta de amor – “del amor más puro que se haya sentido” según sus letras - y firmarla para mi: “Tu gallinazo”.

Mientras leía esos mails se me venía a la memoria una imagen de gallinas camino al degüello que alguna vez había visto en Barcelona...

* * *

Fue en Santiago y medio año antes cuando - a propósito de nada, como a menudo hace cuando despotrica arbitrariamente - se refirió a ella, a la ibicenca, como la “pobre mujercita que mendiga afecto”. Pocos días antes me había contado que con su hermana mayor – a quien conocí en su casa en Ibiza durante una velada sencilla y agradable – le había enviado una carta desde Ibiza. Agregó que ambas eran muy buenas amigas.

¿Por qué hablas así de ella? le pregunté.

"¡Ufff! es que no sabes como es... la última vez que la vi (hacía aquí alución a algunos días después de que sentados en La Ramla - en Barcelona, me regalara una promesa de serme fiel) le hablé de ti. Le dije que eras la mujer de mi vida y que entre ella y yo no habría nada más. Ella me felicitó, dijo alegrarse por mi y después de desearme buena suerte pasó a contarme de su novio alemán.
El es un hombre bonachón aunque demasiado bebedor y coquero - obviamente, malo pa’ la cama... Después se me tiro al cuello la muy calentona. Pero yo me negué...”

'* * *

Con mi notebook en las rodillas, cómodamente instalada en la ancha cama de mi habitación en el Hotel De Las Letras, leí un mail que él le hizo llegar desde Valencia,anunciándole su llegada a Ibiza, tres días después de "haberse auto_amenazado" con la mentirilla prometedora de fidelidad.

“... Soñi querida, me siento frente al computador para contarte que voy camino a ti, para decirte que este viaje lo hago única y exclusivamente para verte a ti y me encuentro con que estas enrabiada conmigo mientras yo hago hasta lo imposible por verte. Vamos guapa,
voy por ti y llevo un dinerillo para dos. ¿Que me dices de Formentera? No nos hagas perder tiempo con tus enojos...”

A Beata le escribía al mismo tiempo:

“...Bea querida, aquí me tienes en la “Madre Patria” recorriendo – por razones únicamente laborales – las regiones del sur de España que tanto hemos soñado conocer juntos. Ya lo haremos, verás que muy pronto lo haremos!
¿A propósito, te pusiste la muela con las luquitas que te dejé? Luego regreso a chilito y a ti para poder dormir "cucharita” así como lo hacemos nosotros y “puntearte” por detrás - como tanto te gusta... "

A mi me decia en el messenger. “Vida mia, estoy de vuelta en Ibiza sólo para descansar unos días después de mi recorrido laboral por Valencia, Alicante... estuve en Murcia viendo unas plantaciones ... Mi amor, voy saliendo a Formentera con un amigo. Asuntos laborales... tu sabes... Mañana me conecto para despedirme antes de volar a Chile a esa soledad fria en que me has dejado... ”

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Cuando hablé con Soñi ella me quiso explicar que yo estaba en un error. Me quiso decir que el chanta jamás se referiría a ella como la "pobre mujercita que mendiga afecto" ya que ella era muy buena amiga de su hermana mayor - además de haber conocido a toda su familia cuando estuvo en Chile. Para demostrar la veracidad de lo anterior agregó que él le contaba lo mucho que la querían y deseaban volver a verla en Chile.

Le comenté que yo también conocí a su familia; conocí a sus hijas, fui presentada a la madre de ellas - también madre del chiquilín fallecido que él se adjudicó como hijo propio por el puro (mal)gusto de mentir. También conocí a sus amigos y a sus hermanos... sin ir más lejos celebré la navidad recién pasada con gran parte de la familia en casa de Maria Eufemia mientras el chanta – entre el plato de fondo y el postre – se ausentó un momento para pagar sepa Moya a cual de sus amantes, una pequeña “deudita”.

¿Deudita, acaso ha tenido problemas economicos? me preguntó afligida.

¡No, no! La tranquilicé. Se trata de una deuda como la que saldó contigo en Córdoba mientras "estacionaba el auto”.

Se produjo un largo silencio...

Cuando recuperó el habla me dijo que ella sabía perfectamente que tipo de hombre era el chanta. “Sabrás que sus hijas estuvieron acá en Ibiza y me lo contaron todo. ¡TODO! Ayer nada más hablábamos de él con su hermana y con su sobrino... no entendemos por qué él es "así".

Y continuó... “Yo a él lo quiero sólo para “follármelo”. Para hombre de verdad tengo a mi novio alemán...

Me despedí de ella amablemente después de haberle oido lo que me quiso contar acerca de las miles de disculpas que el chanta le había enviado a raíz de mis vergonzosas revelaciones. Le aclaré que las vergonzosas revelaciones aún no abandonaban mi disco duro y le desée mejor suerte con su ale_mán que la que tenía con el "ave_man" o gallina, como lo llama ella.

Con el teléfono aún en la mano calculé cuantos minutos le puede haber tomado al chanta “verborrear” esa disculpa... Tenía aún, frescos en la memoria, sus ruegos - en el lobby de un hotel en Malaga – que argumentaban por nuestro amor . Me pedía que no lo dejara, que teníamos tanto por construir juntos.... "No le pongas fin a esta historia tan hermosa como la nuestra" me decía cuando le dije que lo dejaba para siempre aquella noche en que por fin pude cerciorarme de que todas mis sospechas respecto a su falta de honestidad – que el naturalmente declaraba injustas y sin fundamento alguno - habían quedado pálidas frente a su colorinche realidad.

Una semana después de esos ruegos, en el Hotel de Las Letras, mi malestar me obligó a hacer una pausa en la lectura de su correo electrónico. Salí a recorrer los pasillos y salas de la gran casona ubicada en la calle Gran Via en el corazón de Madrid, mientras bebía un tazón de te verde...

Me detuve en la Biblioteca. Curiosamente encontré allí, escrito en una de sus paredes, un poema de Mario Benedetti. "No te Salves". El mismo “No te Salves” que le he oido a Adriana Varela muchas veces. El mismo poema que un par de meses antes yo había usado para unir una serie de fotos que ilustraban mi sentir por nuestra relación que estaba herida de muerte.

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El texto final en la serie de fotos es un mensaje instantáneo del messenger de yahoo que me estaba esperando otro día cualquiera...era la respuesta de él a una de mis críticas por su falta de entereza.

Así habla un gallina:


"... Yo te amo total y definitivamente y cualquier cosa que amenace malograr nuestra relaciòn, la harè saltar por los aires...
FJBD (2006-01-27 17:04:20) Nada en mi vida es màs importante que tù, NN querida.
Censura protectora de almas ajenas... Censura protectora de almas ajenas...
Censura protectora de almas ajenas... Censura protectora de almas ajenas...
FJBD (17:05:21) Debes saber que nunca màs te harè pasar por situaciones incòmodas como a las que haces referencia, nunca más te traicionarè en nada, compartirè todos los asuntos contigo, aùn cuando algunos me parezcan “conflictivos” (y que antes del amor preferìa ocultarl o someterlo a mi entero y absoluto albedrìo)...
FJBD (
17:09:10) tu opiniòn siempre tendrà cabida en cada cosa que haga o deje de hacer y estoy plenamente disponible a abandonar aquellos que fundamentalmente te parezcan inadecuados... eso mismo, sin agregarle ni quitarle nada, es lo que yo espero de tu propia disposiciòn para conmigo... ojalà la vida nos de la posibilidad de hacer crecer este amor que nos regalò tan de repente, como para hacernos recapacitar respecto de que hay vidas pobres aunque no lo parezcan... mi vida lo era, antes de ti... pero ahora no se que hacer con esta “fortuna” que la vida me ha regalado...
FJBD (17:10:27) a menudo me canso de echarte de menos, me canso de ser el q
FJBD (17:10:54) està màs cerca de tu lejos… con tan poca piel, con tan poca voz; y con tanta necesidad de estar juntos para hacer nuestra vida comùn...
FJBD (17:13:00) Te amo
FJBD (17:13:06) P"

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Me senté allí un rato y vi el amanecer desde un sillón de cuero muy negro mientras dejaba venir a Mario Benedetti - un hombre que ha dictado mucho acerca del amor.

Nuevo canal interoceánico

Te propongo construir
un nuevo canal
sin exclusas
ni excusas
que comunique por fin
tu mirada atlántica
con mi natural pacífico.


***


Le vino bien el te”, me dijo el nochero del hotel que había tenido la gentileza de preparármelo, al verme allí sentada y sonriendo con los ojos cerrados – como para no dejar escapar mis imágenes Bennedettianas. Le di las gracias nuevamente mientras extendía mi brazo aceptándole su ofrecimiento.
El remolino que se formó en el tazón me hipnotizó.

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Sin darme cuenta estaba otra vez ensimismada - esta vez recordando un poema que el chanta me hizo llegar a nombre de él y de su muy buen amigo Mario Benedetti advirtiendome que lo había adaptado a su “regalado gusto”.

Es una lástima que no estés conmigo

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cuando miro el reloj y son las nueve
y acabo de asar unas carnes y descorchar un vino para comer y beber solo
y me detengo tres minutos
a escuchar el agua correr río abajo
y estiro mi mano para rozar el espacio que dejaste

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las diez
y me alzo vertical
y mis ojos se posan en la cajita gris con el vaso y su cúpula
como tú y yo
en cópula en el cuartito de arriba /inundado de luna y estrellas

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las once
y me extiendo horizontal en tu lecho de ausencia
y no te acercas
para regalarme la mancha roja de tus labios
y regalarte la ternura parda de mi mirada

Post Data: Con todo nuestro Amor para nuestra Amada.
(firman los autores)

***

Madrid despertó con prisa. De un momento a otro se llenó de ruidos y de olores. Pedí que me llevaran el desayuno a la habitación y me fuí allí a escribir. Ya tenía una idea medianamente clara de lo que queria decir...

Me di cuenta que estaba necesitando dormir cuando al entrar a la habitación el poema escrito en la pared, se empezaró a mover como si hubiese tenido vida propia. Las frases se deslizaban como lo hacen las lombrices...

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lombrices

lombrice

lombric

lombri

lombr

lom

lo

l

lolomlomblombrlombrilombriclombri

lombriz!

~~~~~~lombríz!

~~~~~~~~~~~~lombriz!

~~~~~~~~~~~~~~~~~~lombriz!


Eso!

Como las lombrices que vi aquella noche en Córdoba....

***

Desde la noche aquella en Málaga, cuando a medio creer sus promesas le dije que me quedaba a condición que se disculpara frente a Sonia por haberla estado engañando con historias de trabajo y de “viejos culecos que se le pegaron a la solapa como si él fuera tia de jardín infantil” – se refería a los amigos/clientes a los que había prometido acompañar en su "turisteo" por España – lo observé con otros ojos...

A eso del mediodía – cuando (el cara de raja) había dormido lo suficiente nos hizo saber - a mi y a sus amigos/clientes - que por ningún motivo debíamos dejar de visitar La Mezquita de Córdoba.

Pero antes visitaríamos Sevilla...
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Camino a Córdoba me preguntaba a mi misma cómo pensaba el chanta arreglárselas para visitar a Sonia que lo estaba esperando en casa de su prima enferma...

'Fue al llegar a la Hospedería Duque San Martin, donde pasaríamos la noche, que me pidió que ayudara a sus clientes con el trámite de ingreso mientras el estacionaba el auto.


Así lo hice y una vez que ellos se habían retirado a su habitación salí a recorrer la ciudad. Pasé por el Hotel Macia Alfaros donde me repetí el trago que me había servido durante una visita anterior y
al regresar a la hospedería, dos horas más tarde, me dormí después de una reconfortante ducha caliente. La lluvia me había enfriado...

Me despertó su llanto. Ese que llora en el instante de "La petite mort" Entonces supe que era hora de levantarme. Me abrigué bién y me dispuse a esperarlo en la puerta de la hospedería.

Quería verlo llegar. Quería verlo por última vez retorcerse como aprendí que lo hace cuando miente de pié. Al poco rato apareció por la esquina de la derecha con las manos en los bolsillos. Lo abracé - para olerlo - y pude confirmar que las lombrices de un gallina huelen mal.

Mal así como anteriormente le había dicho que me parecía que olia su vida pese a todos los perfumes con que encubre su deshonestidad.



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Fue entonces cuando las vi por primera vez...

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lombrices
lombrice
lombric
lombri
lombr
lomb
lom
lo
l
lo
lom
lomb
lombr
lombri
lombric
lombrice
lombrices

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Le salian por los ojos, por la naríz, por los oidos, por la boca... Todo él era una lombríz que se retorcía mientras me explicaba el motivo de su tardanza.

"¡Por Dios! En esta ciudad es imposible encontrar un estacionamiento. Recorrí todo Córdoba buscando uno que al fín hallé a unas treinta cuadras de aquí", decía mientras se contorsionaba como si se estuviera rascando la espalda a si mismo...
"Para asegurarme de recordar mañana por la mañana dónde lo dejé, hice el recorrido entre el auto y el hotel a pié varias veces. La última vez, venía llegando... cuando vi un espacio libre a una cuadra de aquí y regresé a buscarlo... Ahora lo tenemos cerca para cuando nos vayámos mañana a Madrid - después de visitar La Mezquita de Córdoba."

Sus zapatos – a pesar de tanta "caminata bajo la lluvia" – estaban secos así como secas estaban sus bolas.


***

Esa noche dejé de besarlo. Lo notó; un par de veces me dijo: tú ya no me quieres...

A partir de esa noche llevé dos botellas de agua en mi bolso.

Una con agua mineral - que la bebía yo y otra para él - con agua... No lo notó.


Por la boca muere un piscis...

miércoles, mayo 03, 2006

Mi familia es puro amor (im)puro

Recuerdo que un par de veces, al leer lo que me contaba de su numerosa familia, de sus hermanos(as), cuñados(as), hijos(as), sobrinos(as) y amigos(as) – por decirlo como él acostumbra, “a dos géneros” – llegué a sentir, no sin avergonzarme por la bajeza de mis sentimientos, una pizca de envidia. Tanto amor, tanta unidad, tanto encuentro, tanto festejo...

Esto fue antes de que nos conociéramos IRL. (In Real Life)

Yo también soy hija de una familia numerosa y aunque ni tantos ni la menor como es su caso, soy una de las menores y la relación con mis hermanos la podría definir como de la de buenos hermanos a pesar de no haber una gran amistad entre nosotros quizá por falta de afinidad.

Yo soy hijo de un polvo cansado”, me dijo en una oportunidad aludiendo a su calidad de hijo menor de una pareja de edad avanzada.

* * *

Siempre me habló de sus dos hijas. Las hijas de su primer y según entiendo, único matrimonio. Con el tiempo fue agregando hijos a la lista hasta llegar a cinco aunque no sabía bien como definir al cuarto ya que...

“Lo di en adopción”

...dijo un día o mejor dicho, escribió como si me estuviera contando que el hijo estaba con varicela.

“Maldito seas” fue mi comentario que él naturalmente rechazó argumentando razones sociales de peso y dejando en claro que su actitud correspondía única y exclusivamente a su enorme nobleza...
Nunca lo entendí así como tampoco entiendo otros fenómenos sociales que se dan en su medio...

Con el tiempo me fui enterando de los viajes, de los romances, de las elecciones académicas y de otros detalles de la vida de sus hijas. Nada extraordinario, sólo detalles de esos que los padres acostumbramos a comentar. Me aseguró que les había hablado de mi y con su mentira a flor de labio agregó: “¡Te están esperando!”

A mi me divertía su manera de hablar y presentar los diferentes aspectos de su vida y con el derecho que no da una naciente amistad, pero que yo me tomo porque soy como soy, le fui cuestionando lo que me parecía insensato y celebrando lo más afortunado. Lo que nunca llegué a creer fue que lo que yo interpretaba como bromas simpáticas, eran para él la médula de sus experiencias.

Con la distancia imprescindible se pueden decir muchas cosas que aún no siendo ciertas, no se les puede tildar de mentiras ni de fraudes... como por ejemplo su participación en el frente durante la guerra de Vietnam, el cancer que estuvo por mandarlo a la tumba, sus aspiraciones a ser presidente de la república etc. A medida que pasaba el tiempo y nos ibamos conociendo más, me fui dando cuenta que esa distancia no existía en él y al final de nuestra relación caí en cuenta que él vive enmarañado.

Pero me he adelantado...

Cuando llegué a Chile la primera vez después de nuestro encuentro virtual tuve la oportunidad de conocer, entre otros miembros de su familia, a su hija mayor, una hermosa joven que entonces debe haber tenido unos 22 o 23 años. Fue en el restaurant El Parrón donde él le dió cita para entregarle parte de su mesada. Demás esta decir que aunque la joven sabía de mi existencia y fue muy correcta en el momento de la presentación, entendí que por parte de ella no existía ninguna curiosidad por mi.

Pensé en mi abuela que siempre decía: “Tanto va el cántaro al agua...” Aunque el embustero juró “por la Olga” (su madre) que el jamás involucraba a sus hijas en sus negocios amorosos, salvo cuando eran “muy en serio como en nuestro caso” me di cuenta que no tan sólo las involucra sino que les da uso y mal_uso al extremo del abuso.

Esa noche cenamos bajo una fluida charla hasta que llegó el momento del postre. La jovencita sacó su billetera para guardar el dinero recibido y yo al ver la foto de un dulce pequeñito le pregunté quién era. Me contó que se trataba de su hermanito menor – hijo de la su madre y su nueva pareja - que había muerto trágicamente un año antes.

No logré entender el porqué de la reacción del embustero. Sin ninguna sensibilidad alzó la voz y gesticulo exageradamente mientras criticaba duramente la forma en que la familia – los padres del pequeño y sus propias hijas – manejaban el duelo. Yo, casi sin poder creer lo que estaba oyendo mientras a la muchacha le corrian las lágrimas por sus pálidas mejillas le pedí firmemente a el descriteriado que se quedara callado.

Así lo hizo y al despedirnos de la chica, hubo besos y abrazos...

Hubo también besos y abrazos la última vez que la vi. Iba camino al médico por su colón irritable, después de haber compartido unos alfajores en el café Havanna en Santiago. Ella hizo un gesto que no supe interpretar mientras decía lo que le habían costado sus gafas de sol, como respuesta al comentario del padre que - indicándome con un una mirada rápida dijo que yo me había ofendido por la “humildad de un collar” que el me había regalado unas horas antes.

Besos y abrazos hubo también el día que fuimos a cenar a la casa de uno de sus hermanos durante otra de mis visitas a Chile casi un año más tarde. Según él me querían volver a ver, con más calma, ya que el primer encuentro había sido muy fugaz. “Están encantados contigo” me aseguró.

Yo pasé un grato momento con ellos. Fueron muy amables y hospitalarios. Con una de las hijas de la familia intercambié dirección electrónica antes de la despedida.

¿“Sabes cuánto me costó esta cena”? Dijo al sentarnos en la camioneta.

Yo debo haberme visto como un gran signo de interrogación ya que la explicación fue con "lujo de detalles".

Despotricó contra el hermano que según él era "un flojo de mierda que no le trabaja un día a nadie".

Despotricó contra la cuñada que según él "llora miserias a mares con sus ojos secos".
Despotricó contra las sobrinas por la calidad de sus relaciones emocionales y por el magro resultado de sus estudios...
Me contó que en un momento en que yo no oía el hermano - como de costumbre - le había pedido muchísimo dinero, pero que él, cansado ya de regalárselo, le había propuesto un plan de pago. El se encargaría de las "cómodas cuotas mensuales" que pagarían el notebook que estaba pensando comprar en Falabella. Será un Acer como el tuyo, dijo, para sentirte más cerca... Así podremos comunicarnos cuando queramos y desde donde estemos”.
***


Cuando llegé a Madrid algunos meses más tarde me presentó su notebook. “Regalo de una amiga muy querida” - insistió en contarme reiteradas veces sin que yo le comentara nada. Ya la primera vez que me lo dijo, el tono de su voz me transportó de vuelta a Valdivia medio año antes, donde tuve que "chantar" a un "amigo" suyo cuyo nombre no recuerdo. Un borrachín que se pasó de la raya cuando - después de haber comentado burlezcamente a una jueza amiga del chanta por su manera de escribir los cheques a la hora de pagar la cuenta - creyó que se podría reír de mi también.
Esa noche, mientras el chanta hablaba de las liposucciones de la jueza, yo me preguntaba si existen las liposucciones al cerebro...

Tampoco comenté nada cuando un par de días más tarde anunció que no podíamos dejar de visitar Córdoba y su mezquita. En Córdoba también estaba su amante ibicenca visitando a una prima enferma, pero el no sabía que yo lo sabía. En cambio me dediqué a recordar la primera y única vez que había estado en Córdoba... cuando comí las berenjenas más ricas que he comido en mi vida en El Caballo Rojo

Cuando pasé por allí con él y dos de sus clientes/amigos con los que viajamos por España, no cenamos... pero más de uno se "desayunó" cuando les conté otro de los porqué digo que el chanta es "como las berenjenas" - Con todo el respeto que se merecen esos frutos.
***

Si que quise comentar lo ocurrido con su hija en El Parrón, pero después de haber oido un par de veces sus argumentos acerca de la vida y de la muerte quise ponerle punto final a la conversación que en algún desafortunado momento retomé, diciéndole: “Creo que si se tratara de tu hijo, lo verías de otra manera”.

¡“Estás equivocada”! sentenció.

Es mi hijo, y el problema de la madre es de conciencia. No ha podido superar el hecho de que “nuestro” hijo haya muerto como hijo de otro... Y siguió - así como lo hace cuando "toma vuelo" despotricando contra el desafortunado segundo esposo de la madre de sus hijas. Según él, las hijas no lo querían ya que había golpeado a la madre en presencia de la mayor de ellas. Pensaban que debería haberlo dejado hace mucho tiempo. El chanta se explayó a viva voz así como lo hace cada vez que necesita convenserse a si mismo y convencer a los demás de que tiene razón...
Pensando en algo que a menudo pienso cuando leo a Isabel Allende – los dramas familiares son contables después que han pasado 100 años ya que sólo entonces nos hacen reir - enterré lo recién oido hasta que me llegó un mail de una ex amiga del chanta que atestiguaba que esa era otra de sus "ocurrencias"...
¡Ni siquiera un niño muerto se salva de sus inmoralidades!

Aludiendo a su calidad moral, más que hijo de un "polvo cansado" yo digo que es él es hijo de de un polvo anal.
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miércoles, abril 26, 2006

El bolígrafo esquivo...

* “Cuando un artículo de Montblanc es tocado por primera vez por su dueño, ya tiene mucho que contar…

Cada producto representa una pieza maestra que revela la pasion y pericia de los maestros artesanos de Montblanc, los cuales otorgan a cada producto además de su belleza funcional, algo muy especial – un alma.

El símbolo de esta singularidad es la estrella blanca de Montblanc. En referencia a la cumbre de la montaña más alta de Europa, la estrella blanca representa las elevadas exigencias de la marca, pero al mismo tiempo un estilo de vida y una cultura excepcionales, encarnando valores eternos en un mundo en permanente cambio. Valores como la continuidad, la tradición, la intemporalidad. Saber tomarse tiempo para lo que cuenta de verdad: pensamientos y sentimientos, belleza y cultura. Tiempo para si mismo y para los demás – y para los momentos realmente importantes de la vida


Como no recuerdo cuándo exactamente me empezaron a gustar los lápices, digo me han gustado desde que tengo uso de razón. Me gusta sentirme dueña de mis lápices así como de mis palabras – las escritas y las dictadas.

A pesar de lo práctico que es escribir en un documento Word, como lo estoy haciendo en este momento, soy de las que aún envía cartas de puño y letra. Disfruto enormemente escribiendo... el movimiento de la mano, el ruido del boligrafo sobre el papel, sobre todo de ese echo a mano...
Siempre llevo varios lápices conmigo y también siempre ando echándole el ojo a las vitrinas por si veo alguno novedoso para adquirir... En los bancos u otras oficinas siempre pido que me regalen algunos ejemplares a pesar de lo poco que me gustan los logotipos y los que encuentro en las habitaciones de los hoteles en que hospedo los pongo en mi cartera sin preguntárle nada a nadie y argumentando para mi misma que estan allí para que los huéspedes nos los llevemos para propagar la existencia de tal.

¡Deberían pagarnos por portarlos!



Fue durante una de nuestras muchas sesiones de chat despues del primer encuentro “IRL” en octubre de 2005, que le hablé de mi afición por los lápices. La respuesta no se hizo esperar: “Tengo varios Montblanc”, dijo y se explayó en el más preciado de todos; el que había sido de Mani - su padre - y cuyo cuidado había confiado a su amiga “Bea”, como él la llamaba a veces. Me imagino que se llama Beata como Beata Söderberg, también ella concertista - aunque de chelo.

“Si quieres te regalaré un Montblanc en homenaje a tu calidad de escritora”... agregó.

El 7 de diciembre de 2005 me entregó solemnemente mi primer bolígrafo
Montblanc, el editado en homenaje a W.A. Mozart, en su casa de ambiente único ubicada en El Manzano, donde se tuvo que mudar repentinamente por causa de un bochornoso desalojo.


Al presentarme su nueva morada me comentó que la dueña, una actriz en retiro, la describía como un decorado escénico por su calidad de temporalidad. La construcción - de aspecto magnífico - es el resultado de los juegos o mejor dicho, de los vicios de un caprichoso arquitecto que no supo poner su alma en el bosquejo de la casa que se alza en medio de un bosque de alm...endros.

Sentí una gran alegría cuando toqué el bolígrafo por primera vez mientras él me explicaba que la estrella blanca era señal de que el lápiz es un auténtico Montblanc y que cada ejemplar tiene un número único de registro grabado en el clip...

Yo decidí darle un muy buen uso escribiendo honestamente.

* “Escribir es una exteriorización de la individualidad. La propia caligrafía registra nuestros pensamientos, a través de los cuales ejercemos influencia, cosechamos éxitos y expresamos sentimientos...”

Tres días más tarde viajamos a Valdivia donde el elector cumpliría con su deber ciudadano. Durante el viaje e inspirado por el momento político que se vivía en esos instantes se dedicó a despotricar contra Gladys Marín y a darme a conocer una vez más sus sueños y convencimiento de que llegará a ser presidente de Chile. Para entonces, mi lápiz quedó en su caja original dentro de mi bolso de viaje en el segundo piso del escenario en que se representaría una de las escenas de la vida real más grotescas y sin sentido que me ha tocado vivir.

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Un mes y medio antes – creo que fue el 18 de octubre – habíamos dejamos su arruinada morada cordillerana en Melocotón, temprano por la mañana. A la altura de El Manzano hicimos un pequeño desvio donde el chanta trató de ubicar la que sería su próxima casa. Se que me hablaba de ella y hacía planes en voz alta, pero yo ya no estaba allí...

Pasamos a un supermercado, seguramente un Jumbo, donde se molestó enormemente porque no le permití pagar los vinos que me quise llevar para regalar a algunas personas queridas. Al llegar al aeropuerto la molesta era yo por lo que me despedí de mala gana en la vereda de la entrada principal con una rotunda negativa a su oferta de volver, para despedirnos “como Dios manda”, después de estacionar la camioneta.

Al entrar al aeropuerto busqué un papelero y tiré los restos de un collar de perlas de vivos colores que poco antes me había ayudado a matizar la imagen que tenía de él.

Los engorrosos trámites de embarcación lograron distraérme pudiendo así yo recuperar mi paz interior. Una vez en mi asiento y durante las casi 24 horas que duró el viaje, pasé revista a los dos meses que había estado en Chile; el país en que nací, el país del cual me alejé hace mucho y al cual intento acercarme con mis cinco sentidos.

Despues de algunos caóticos días me di tiempo de revisar mi correo y encontré algunos mails y mensajes instantáneos que atestiguaban preocupación por mi y dolor por lo que él llamaba mi abandono. Uno de los mensajes me hablaba de “un gran regalo que no hubo tiempo de entregar ya que no hubo despedida”. En otro me reiteraba su firme deseo de serme fiel a pesar del mal trato que yo le daba y otro que recuerdo claramente era una queja por haberlo utilizado como “vulgar medio de transporte en circuntancias de que hubiese sido más honesto de mi parte haber tomado un taxi hasta el aeropuerto”.

Debo reconocer que en ocaciones como la recién descrita dudaba a veces de mi capacidad de discernir... Honestidad, moral, decencia, son términos muy recurridos en su vocabulario, pero a mi me parecía que estaban ausentes en su actuar.

También me comentaba de su cansancio a raíz del cambio de casa. “Me ayudó un camionero con el que me topé en el camino de vuelta del aeropuerto”...

Mi respuesta fue un mail donde le aseguraba que yo lamentaba haberlo hecho sentirse como un vulgar taxista, pero que sinceramente a mi me afligía más el hecho que él me hiciera regalos de dudoso origen y que - entre otras cosas - comentara a su amante ibicenca como una “pobre mujercita que mendiga afecto”.

Naturalmente que él negaba que fuera su amante...

Fue en Barcelona, el día que llegamos de Ibiza y sentados La Ramla que juró “por la Olga”, su madre, que él sentía que yo era su mujer, que ya no habrían otras en su vida, que nunca había amado tanto como me amaba a mi y mirándome profundamente a los ojos dijo: "Jamás te haré una "mariconada". Esa fue la primera vez que me hicieron una promesa de ese tipo. Nunca - ninguno de mis maridos, amantes o amigos me prometieron no hacerme "mariconadas". Tampoco - antes de conocerlo a él - nadie me las había hecho.
Yo lo observaba observándome y por primera vez en mi vida sentí temor de que alguna de mis parejas anteriores me estuviera observando al más puro estilo "Doña flor y sus dos maridos".


Siguió orando y al cabo de un rato lo vi - por vez, pero no última vez - simular arcadas. “Me da un asco horrible recordar a algunas mujeres de mi vida” me dijo cuando europeamente malagradecida y maleducada como soy, no supe apreciar su cacareo y le pregunté a que se debía “tanto teatro”.

Miré hacia el mercado y vi como unos hombres – entre las sombras barcelonesas – tiraban de unos carrosjaulas llenos de gallinas que serían sacrificadas a la mañana siguiente. En el silencio de la noche me pareció oir su resignación...

*


También reinaba el silencio en la parcela almendrada la noche que volvimos de Valdivia. Como no encontró las llaves que los trabajadores que estaban tratando de hacer habitable aquel escenario a medio montar habían quedado de dejar en una maceta, entró - como lo hace el delincuente - por una ventana mientras yo bajaba nuestras cosas de la camioneta. Finalmente abrió la puerta de la terraza por donde entramos los bártulos y yo.

A primera vista no faltaba nada, pero una sentí un agudo dolor en la boca del estómago - angustia le llaman algunos - cuando entendí que la puerta abierta del balcón en el segundo piso acusaba que alguién había estado allí.


Me quise duchar.

Los trabajadores no tan sólo habían olvidado dejar la llave sino que también habían fracasado una vez más en su intento de instalar un estanque de agua lo que implicaba que el hilo de agua que corría por el caño no bastaba para hacer funcionar el calentador de agua. A mi no me importó mucho ya que a esas alturas me estaba acostumbrando a las "duchas de agua fria"...

Mientras lo hacía él abrió mi bolso de viaje de donde sacó la caja del bolígrafo que “naturalmente” estaba vacía.

Con las manos en los bolsillos, esa clásica postura de él que aprendí a interpretar a pesar de mi resistencia, se paseaba por el cuarto mientras elucubraba en voz alta... “¿Habrán sido los trabajadores? la empresa de él - refiriéndose a un gordito con cara de ineficiente que hacía las veces de jefe de obra - acaba de quebrar así que debe andar escaso de dinero. ¿O habrá sido la pareja de jóvenes que vive en la casa vecina? Ellos son hippies.... no sería nada de raro. O el hijo de la señora que vivía acá antes... Ella se fue sin pagar el arriendo... Estas segura que no lo llevaste, que no lo tienes en tu cartera?”

"¡Puta que increible!" repetía sin cesar de la misma manera lo hizo la noche en que Bea, trizada por la traición del chanta lo puso de patitas en la calle.

Esa noche me dormí pensando en lo que significa la palabra dignidad.

A la mañana siguiente al tomar mi ropa rodaron por el suelo mis Love-Rings - un mejor regalo que nunca tuve que devolver - yendo uno de ellos a dar debajo de la cama que por ser de esas a ras del suelo – tuve que correr para recuperarlo. Levanté el anillo y el bolígrafo esquivo que se había "escondido" allí misteriosamente. El mismo hombre que me había asegurado y que siguió asegurando que nunca haría nada que arriesgara nuestra relación declaraba que se trataba de un “intento de robo”.

Hice un gran esfuerzo para tragármela ...


Mientras él trataba de convencerse de sus propias palabras yo me imaginaba al ladrón de pié en ese cuarto mirando el lápiz, tan embelesado como embelesada quedé yo al recibirlo, y que el gran susto que debe haber sentido al oirnos llegar la noche anterior lo llevó a actuar tan irracionalmente como fue haber metido al bolso la caja vacía y haber “escondido” el bolígrafo debajo de la cama antes de salir volando por la puerta del balcón...

Fue el “camionero” que lo ayudó a mudarse el que meses después me contó que en un momento de sensiblería le habló de mi como una historia pasada hacía muchos años. Aquella noche, mientras le rogaba que se quedara acompañándolo en cuerpo y alma y entre mentira y mentira le mostró el boligrafo Montblanc confesándole que era un regalo para su hija menor. Un estímulo por haber decidido retomar sus estudios universitarios.

Al enterarme de esto entendí la escena del robo... Quiso quedar como rey conmigo por tan lindo regalo y... "reciclándolo", quiso quedar como rey con la hija.

Naturalmente que al enterarme de esto ya no lo sentí más mio. Quemé todo lo que había alcanzado a escribir con el y las cenizas las puse en una maceta donde crece una planta que acá se le llama "planta de la buena salud".

Una de mis amigas, indignada ante tanta sinvergüenzura, trató de persuadirme para que no se lo devolviera cuestionando mi salud mental: "¿Estas loca? ¡No se lo merece!” sentenció.

“Yo no podría escribir ni el nombre de él con ese lápiz”, le contesté mientras lo ponía nuevamente en su envase original.

Mi abuela materna me enseñó la diferencia entre “Nacer con una estrella” – como me decía que yo había nacido – y nacer “Estrellado”.




El día de mi cumpleaños número 49 me regalé un Meisterstück Classic, al cual le hice gravar mi nombre y con el que escribí en papel hecho a mano las últimas palabras que le dirigí a un “hombre a medias” como lo llamó su ex novia -“el camionero”, o al “gallina” , como lo llamó su amante ibicenca o al “livianito” como lo llamé yo un par de veces o sencillamente al hombre que él quería ser pero que a la hora de los “quihubos”, entendí que no existía.

Todo él es una gran mentira, una gran broma de mal gusto.

¿Qué le regala un padre a la hija que ha decidido retomar sus estudios universitarios y aspira a ser periodista cuando le entrega un lápiz tan "basureado"?

¿O soy yo el bicho raro que intenta darle un sentido a los regalos, a lo que se dice, a lo que se hace, a lo que se es?

A poco de haberlo enviado de vuelta, la futura periodista me contactó via MSN agradeciéndome emocionada la delicadeza de haberle hecho el "mejor regalo de su vida" Confundida le pregunté de qué regalo me hablaba ya que yo no le había enviado nada...

¿“Cómo, y el bolígrafo Montblanc que mi papá me dijo que tu me habías mandado”?

Le dije que se trataba de un error, le dije que yo no lo había hecho ese regalo...


Pobre! A pesar de que ninguna sombra cae sobre sobre su persona, muerta de verguenza – ajena y propia - se escondió en sus zapatos.

Nunca más supe de ella...


* Cita del prospecto de Monblanc.

miércoles, abril 19, 2006

Uso - mal uso - abuso

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Yo soy una asidua clienta de las tiendas de segunda mano especialmente una cuyas ganancias financian las actividades sociales del Ejército de Salvación.

Una parte de la clientela de esta última es gente a la que se le nota a la legua la pobreza. Otra parte de la clientela son los muchos jóvenes que al no contar con los medios necesarios para lucir una moda exclusiva, se dirigen allí con el propósito de no “andar a la moda”. También van allí jóvenes y adultos que perfilándose social y políticamente manifiestan de esa manera su rechazo al consumismo. Y también estamos las viejas cuicas que compramos allí un poco por coquetear con la pobreza y otro por alcanzar un cierto grado de originalidad sin tener que pagar precios de fantasía.

Hasta ahora mi mejor inversión es sin duda una intachable cómoda escritorio, hecha en madera de abedul a principios de 1800 con tapa cilíndrica y tres cajones; muy similar a la del
“lote 1191” que adquirí por 60 €.

La peor es la que no he hecho (aún...)

Se podría decir que yo siento una gran predilección por las cosas “(bien) usadas” y por esa razón, a la hora de adquirir, me esfuerzo en encontrar cosas – usadas o no – que sean completamente a mi gusto.
Disfruto con mi innata necesidad de rodearme de objetos que satisfagan mi sentido estético que a la vez está íntimamente ligado con el potencial de utilidad que ellos ofrecen. En la medida de lo posible trato de conocer el origen, la historia de aquellos objetos que han tenido una vida antes de ser mios. Pero en definitiva, siempre es mi gusto y mi sensación de agrado lo que da el visto bueno a mis adquisiciones.

Por tanto... poca y nada razón tenía el chanta urbano - que tan fácilmente pierde su urbanidad - cuando me dijo que “me ubicara en la realidad chilena” al protestarle porque me estaba regalando un collar usado.
El que fuera usado, cosa que él negaba con la categórica porfía del sinrazón, a mi no me importaba... pero mi sensibilidad me advertía que se trataba de un objeto muy mal_usado.
Que tenía uso estaba a la vista y él – salíendosele un tiro por la culata – lo demostró cuando le dió un tirón al collar con el cual él pretendía evidenciar mi error y las perlas de colores rodaron por el suelo... Algunas - muertas de verguenza - se escondieron en mis zapatos.


EL PERLA CON SUS PERLAS

Me deshice del collar o de sus restos tirándolo en un papelero en el aeropuerto de Santiago sin saber que algún día me arrepentiría.
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Me hubiese gustado poder devolvérselo a su verdadera dueña, la gitana. Ella era una de las con quien el chanta se engañaba engañándome.
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Según supe mucho más tarde, ella lo había hilado para si y fue persuadida a vendérselo con el insistente argumento de que se lo regalaría a su primogénita.
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Como entre gitanos no nos vemos la suerte, no me quedó otra que contarle el verdadero destino de su collar el día que ella supo que yo era una de las con las cuales el chanta la engañaba engañándose.
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Ignoro si la hija que se suponía sería la receptora del obsequio - una hermosa muchacha que ambas conocíamos y que yo poco antes había visto llorar lágrimas amargas en el restaurant El Parrón, estaba o no en concomitancia con el padre.
Cualquiera de las dos alternativas me parecen igualmente trágicas para su alma y contraproducentes para su colon irritable.

Pero no viene al caso hilar más fino...
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miércoles, abril 12, 2006

Los rostros de un "sinrostro"

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o el

"cara de raja"

La primera vez que recuerdo haber oido el término "cara de raja" fue de la boca de un (des)conocido que aprovechando mi estadía en Chile, me invitó a pasar unos días a su "morada cordillerana"...

Así llamaba a su casa cuando la describía con líricos términos que terminaron siendo lisonjería monda y lironda.

“Crees que soy tan "cara de raja" que te invitaría acá si esta no fuera mi casa”? me dijo cuando cuestioné la veracidad de sus palabras.


Aunque me costaba creerlo actué como mi sentido común me lo dictó no sin sentirme algo incómoda frente a la posibilidad que existía de que yo fuera demasiado desconfiada...

***

Veníamos llegando de un paseo cuando al entrar a “su casa” me di cuenta – a pesar de su intento de ocultar lo ocurrido – que alguién había estado allí y a la vista estaba que ese alguien además de haberse molestado con la presencia de mis maletas, se sintió con derecho a ponerlas en la mismísima puerta de la cabaña que está ubicada a la orilla del rio Maipo en Melocotón.

Naturalmente que me largué de allí tan pronto pude a pesar de las protestas de mi anfitrión que aseguraba “a grito pelado” que la culpa de todo la tenía una "maricona celosa" – así me lo dijo a mi y así se lo dijo al hermano al cual llamó seguramente buscando el apoyo que yo le negaba – que no sabía asumir su rol de “vieja de capa caida”. Ella, según él, era una amante de antaño que no lograba conciliarse con la nueva situación.

Esa fue la primera vez que lo vi colérico.

Aquella mujer celosa resultó ser la dueña legítima de la casa que, arrendamiento o no de por medio, se la había facilitado con el compromiso de que él no llevara a sus amantes allí ya que para ella esa casa – construída por su padre ya ausente – era un santuario, amén de ser ella una de las amantes del catedrático. Pero eso no pude darlo por sabido hasta mucho después.

A mi sus argumentos no me parecieron convincentes y le hice saber que a mi juicio, o se trataba de una amante actual a la que en ese caso yo entendía perfectamente o bien de una relación muy mal llevada, pero que cualquiera que fuera la situación real yo no estaba dispuesta a inmiscuirme ya que no me parecía interesante compartir esos asuntos con él.

Se ofendió mucho porque no quise atender sus razones ni apoyarlo en su desventura - como él melodramaticamente lo expresó - quedándome en su casa a pesar de la gran cátedra de urbanidad que dictó con la vehemencia mal lograda de un actor por necesidad. Me habló de lo maleducados y malagradecidos que somos los europeos cuando regresamos a Chile y me aseguró que actitudes soberbias como la mía no hacen más que herir a la gente de buen corazón.

No ignoro del todo lo que él hizo con el dolor de sus heridas a partir de ese día, mientras según él trabajaba en el norte del país, pero yo, haciéndome la sueca, me dedique verdaderamente a afianzar mis principios mientras tomaba clases de "tangoNuevo" con un argentino bien parecido en El Cachafáz -una tangueria de Santiago. Esta última actividad mia, que le comenté una de las veces que me llamó por teléfono durante su ausencia, terminó por sacarlo completamente de sus casillas y de una vez y sin preámbulo alguno supe de las formas verbales que pueden adquirir las inseguridades de un fanfarrón. La última vez que me llamó durante esa ausencia fue la noche anterior al día en que habíamos quedado de volver a vernos. Según él me llamó para saber si yo estaba en El Cachafaz ya que quería invitarme a un trago. Como yo no estaba allí me dijo que lo dejaramos para otro momento. A mi me bastó "asomarme por la ventana" del hotel donde yo estaba hospedando - Eurotel en la calle Guardia Vieja a pocos metros de la tanguería para saber de que se trataba. ...

Al día siguiente y según habíamos acordado “antes de”, nos fuimos nuevamente de paseo ya que entre mis planes estaba hacer realidad la letra de un tango que he oido muchas veces:

"Vuelvo al Sur"

Pasó a buscarme a casa de mi hermano donde yo quise dejar mi equipaje en custodia segura para evitarme malos ratos y más pérdidas económicas puesto que al mismo tiempo que mis bártulos fueron trasladados en la casa de Melocotón, se traspasaron también parte de mis divisas sepa Moya a qué bolsillo.

Para gran sorpresa mia, venía malhumorado y con ganas de seguir dictando cátedras acerca del buen comportamiento de un buen huesped... No aceptó mi franco ofrecimiento de echar pie atrás ya que para mi no era agradable viajar de mala gana, argumentando que yo elegía una cómoda manera de sacarme las culpas de encima.

Mi experiencia me dice que hay que dejar que la gente se desahogue por lo que, desentendiéndome de él, encendí el autopiloto y mi MP3-player y entregándome a mi dulce imaginario entre "colgadas & volcadas" disfruté de "Mejor así", "Otra Luna", "Un paso más allá", "Qué onda"?, "Vi Luz y Subí" de Carlos Libedinsky y su Narcotango mientras el se desvivía por cumplir su reiterada promesa de "enseñarme lo más auténtico de Chilín el día que yo decidiera visitar esas latitudes" a fuerza de sermones y diatribas que competían en volumen con con el CD que él prefirió escuchar: "El ruido del tiempo" de Andreas Bodenhofer .

Después de un par de horas de viaje nos detuvimos a cenar y recién entonces logró relajarse algo y "perdonó mi feísima actitud"...

A partir de entonces el paisaje fue mucho más hermoso salvo algunos trechos cuyo perfíl de páramo - a pesar de la frondosidad que ofrecía ese mes de octubre - opté por olvidar.

Una vez de regreso me pidió que aceptara quedarme en su casa una última vez ya que sólo estaban faltando algunas horas para que yo me embarcara de regreso a Europa. Al abrir la puerta entendí de quién era la voz alteradísima que lo llamó a su celular una tarde en que visitábamos a una amiga suya en Puerto Montt y que naturalmente no correspondía - como él me había asegurado en el momento de la llamada - a una amiga gitana que hilaba collares que lo había llamado solicitando ayuda para deshalojar de su casa a un grupo de borrachines que se le habían instalado en el living de su casa después de un programa radial semanal que estos sostenían.

Esta vez la voz lo había puesto de “patitas en la calle” y ahora eran sus bártulos los que estaban arrumbados en un cuarto y el resto de la casa bajo siete llaves que el descerrajó a patadas olvidando la lírica del preámbulo y la cátedra de urbanidad.

Aunque para entonces yo ya sabía que este cincuentón también era un "cara de raja", no fue hasta casi medio año más tarde cuando - cómodamente instalada en el "Hotel de Las Letras" en Madrid, dediqué toda la noche de un domingo a leer su correo electrónico completamente decidida a concienciar la magnitud de su descaro.

No fue dificil. Su correo electrónico es un documento muy completo acerca de la deshonra y el desacato.


La última vez que recuerdo haber oido el término "cara de raja" fue de la boca de unos de sus amigos, pocos días antes de llegar a Madrid.

"Ve a la habitación; si está durmiendo es un "cara de raja" sin vuelta" me dijo después de que habíamos estado comentando la última muestra de urbanidad del descortés valentón mientras desayunábamos en un hotel en las afueras de Malaga.


"Zzzzzzzzzzzzzzzzz..."

sábado, abril 01, 2006

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Cronista
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A partir de hoy me declaro Cronista. La idea es publicar en este espacio las crónicas que he ido escribiendo a partir de que un embustero crónico se me cruzó en el camino hace ya algunos años atrás.

Desde muy niña – creo que desde que tenía unos seis años – me han fascinado los embusteros. Mi fascinación por ellos no es negativa ya que no me contagian. Más bién me ayuda a reafirmar mi idea de que “con mentiras no se llega a ninguna parte”. Al menos no de cuerpo y alma ya que los embusteros suelen esconder su alma tanto y tan bien que ligerito se les pierde para siempre.


Por esa razón yo los considero des_almados.
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Este es el rostro de uno de esos...

Dudo que sepa dónde está su alma sin rostro.

Dudo también que sepa que la extravió.

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En términos generales, estas crónicas serán un reflejo fiel de lo vivido ya que lo que pretendo con ella es contar un capítulo de mi vida que – como muchos otros, pero no todos – elegí vivir conscientemente y hasta las últimas consecuencias.

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