Recuerdo que un par de veces, al leer lo que me contaba de su numerosa familia, de sus hermanos(as), cuñados(as), hijos(as), sobrinos(as) y amigos(as) – por decirlo como él acostumbra, “a dos géneros” – llegué a sentir, no sin avergonzarme por la bajeza de mis sentimientos, una pizca de envidia. Tanto amor, tanta unidad, tanto encuentro, tanto festejo...
Esto fue antes de que nos conociéramos IRL. (In Real Life)
Yo también soy hija de una familia numerosa y aunque ni tantos ni la menor como es su caso, soy una de las menores y la relación con mis hermanos la podría definir como de la de buenos hermanos a pesar de no haber una gran amistad entre nosotros quizá por falta de afinidad.
“Yo soy hijo de un polvo cansado”, me dijo en una oportunidad aludiendo a su calidad de hijo menor de una pareja de edad avanzada.
Esto fue antes de que nos conociéramos IRL. (In Real Life)
Yo también soy hija de una familia numerosa y aunque ni tantos ni la menor como es su caso, soy una de las menores y la relación con mis hermanos la podría definir como de la de buenos hermanos a pesar de no haber una gran amistad entre nosotros quizá por falta de afinidad.
“Yo soy hijo de un polvo cansado”, me dijo en una oportunidad aludiendo a su calidad de hijo menor de una pareja de edad avanzada.
* * *
Siempre me habló de sus dos hijas. Las hijas de su primer y según entiendo, único matrimonio. Con el tiempo fue agregando hijos a la lista hasta llegar a cinco aunque no sabía bien como definir al cuarto ya que...
“Lo di en adopción”
...dijo un día o mejor dicho, escribió como si me estuviera contando que el hijo estaba con varicela.
“Maldito seas” fue mi comentario que él naturalmente rechazó argumentando razones sociales de peso y dejando en claro que su actitud correspondía única y exclusivamente a su enorme nobleza...
Nunca lo entendí así como tampoco entiendo otros fenómenos sociales que se dan en su medio...
Con el tiempo me fui enterando de los viajes, de los romances, de las elecciones académicas y de otros detalles de la vida de sus hijas. Nada extraordinario, sólo detalles de esos que los padres acostumbramos a comentar. Me aseguró que les había hablado de mi y con su mentira a flor de labio agregó: “¡Te están esperando!”
A mi me divertía su manera de hablar y presentar los diferentes aspectos de su vida y con el derecho que no da una naciente amistad, pero que yo me tomo porque soy como soy, le fui cuestionando lo que me parecía insensato y celebrando lo más afortunado. Lo que nunca llegué a creer fue que lo que yo interpretaba como bromas simpáticas, eran para él la médula de sus experiencias.
Con la distancia imprescindible se pueden decir muchas cosas que aún no siendo ciertas, no se les puede tildar de mentiras ni de fraudes... como por ejemplo su participación en el frente durante la guerra de Vietnam, el cancer que estuvo por mandarlo a la tumba, sus aspiraciones a ser presidente de la república etc. A medida que pasaba el tiempo y nos ibamos conociendo más, me fui dando cuenta que esa distancia no existía en él y al final de nuestra relación caí en cuenta que él vive enmarañado.
Pero me he adelantado...
Cuando llegué a Chile la primera vez después de nuestro encuentro virtual tuve la oportunidad de conocer, entre otros miembros de su familia, a su hija mayor, una hermosa joven que entonces debe haber tenido unos 22 o 23 años. Fue en el restaurant El Parrón donde él le dió cita para entregarle parte de su mesada. Demás esta decir que aunque la joven sabía de mi existencia y fue muy correcta en el momento de la presentación, entendí que por parte de ella no existía ninguna curiosidad por mi.
Pensé en mi abuela que siempre decía: “Tanto va el cántaro al agua...” Aunque el embustero juró “por la Olga” (su madre) que el jamás involucraba a sus hijas en sus negocios amorosos, salvo cuando eran “muy en serio como en nuestro caso” me di cuenta que no tan sólo las involucra sino que les da uso y mal_uso al extremo del abuso.
Esa noche cenamos bajo una fluida charla hasta que llegó el momento del postre. La jovencita sacó su billetera para guardar el dinero recibido y yo al ver la foto de un dulce pequeñito le pregunté quién era. Me contó que se trataba de su hermanito menor – hijo de la su madre y su nueva pareja - que había muerto trágicamente un año antes.
No logré entender el porqué de la reacción del embustero. Sin ninguna sensibilidad alzó la voz y gesticulo exageradamente mientras criticaba duramente la forma en que la familia – los padres del pequeño y sus propias hijas – manejaban el duelo. Yo, casi sin poder creer lo que estaba oyendo mientras a la muchacha le corrian las lágrimas por sus pálidas mejillas le pedí firmemente a el descriteriado que se quedara callado.
Así lo hizo y al despedirnos de la chica, hubo besos y abrazos...
Hubo también besos y abrazos la última vez que la vi. Iba camino al médico por su colón irritable, después de haber compartido unos alfajores en el café Havanna en Santiago. Ella hizo un gesto que no supe interpretar mientras decía lo que le habían costado sus gafas de sol, como respuesta al comentario del padre que - indicándome con un una mirada rápida dijo que yo me había ofendido por la “humildad de un collar” que el me había regalado unas horas antes.
Besos y abrazos hubo también el día que fuimos a cenar a la casa de uno de sus hermanos durante otra de mis visitas a Chile casi un año más tarde. Según él me querían volver a ver, con más calma, ya que el primer encuentro había sido muy fugaz. “Están encantados contigo” me aseguró.
Yo pasé un grato momento con ellos. Fueron muy amables y hospitalarios. Con una de las hijas de la familia intercambié dirección electrónica antes de la despedida.
¿“Sabes cuánto me costó esta cena”? Dijo al sentarnos en la camioneta.
Yo debo haberme visto como un gran signo de interrogación ya que la explicación fue con "lujo de detalles".
Despotricó contra el hermano que según él era "un flojo de mierda que no le trabaja un día a nadie".
Despotricó contra la cuñada que según él "llora miserias a mares con sus ojos secos".
Despotricó contra las sobrinas por la calidad de sus relaciones emocionales y por el magro resultado de sus estudios...
Me contó que en un momento en que yo no oía el hermano - como de costumbre - le había pedido muchísimo dinero, pero que él, cansado ya de regalárselo, le había propuesto un plan de pago. El se encargaría de las "cómodas cuotas mensuales" que pagarían el notebook que estaba pensando comprar en Falabella. Será un Acer como el tuyo, dijo, para sentirte más cerca... Así podremos comunicarnos cuando queramos y desde donde estemos”.
***
Cuando llegé a Madrid algunos meses más tarde me presentó su notebook. “Regalo de una amiga muy querida” - insistió en contarme reiteradas veces sin que yo le comentara nada. Ya la primera vez que me lo dijo, el tono de su voz me transportó de vuelta a Valdivia medio año antes, donde tuve que "chantar" a un "amigo" suyo cuyo nombre no recuerdo. Un borrachín que se pasó de la raya cuando - después de haber comentado burlezcamente a una jueza amiga del chanta por su manera de escribir los cheques a la hora de pagar la cuenta - creyó que se podría reír de mi también.
Esa noche, mientras el chanta hablaba de las liposucciones de la jueza, yo me preguntaba si existen las liposucciones al cerebro...
Tampoco comenté nada cuando un par de días más tarde anunció que no podíamos dejar de visitar Córdoba y su mezquita. En Córdoba también estaba su amante ibicenca visitando a una prima enferma, pero el no sabía que yo lo sabía. En cambio me dediqué a recordar la primera y única vez que había estado en Córdoba... cuando comí las berenjenas más ricas que he comido en mi vida en El Caballo Rojo
Cuando pasé por allí con él y dos de sus clientes/amigos con los que viajamos por España, no cenamos... pero más de uno se "desayunó" cuando les conté otro de los porqué digo que el chanta es "como las berenjenas" - Con todo el respeto que se merecen esos frutos.
***
Si que quise comentar lo ocurrido con su hija en El Parrón, pero después de haber oido un par de veces sus argumentos acerca de la vida y de la muerte quise ponerle punto final a la conversación que en algún desafortunado momento retomé, diciéndole: “Creo que si se tratara de tu hijo, lo verías de otra manera”.
¡“Estás equivocada”! sentenció.
Es mi hijo, y el problema de la madre es de conciencia. No ha podido superar el hecho de que “nuestro” hijo haya muerto como hijo de otro... Y siguió - así como lo hace cuando "toma vuelo" despotricando contra el desafortunado segundo esposo de la madre de sus hijas. Según él, las hijas no lo querían ya que había golpeado a la madre en presencia de la mayor de ellas. Pensaban que debería haberlo dejado hace mucho tiempo. El chanta se explayó a viva voz así como lo hace cada vez que necesita convenserse a si mismo y convencer a los demás de que tiene razón...
Pensando en algo que a menudo pienso cuando leo a Isabel Allende – los dramas familiares son contables después que han pasado 100 años ya que sólo entonces nos hacen reir - enterré lo recién oido hasta que me llegó un mail de una ex amiga del chanta que atestiguaba que esa era otra de sus "ocurrencias"...
¡Ni siquiera un niño muerto se salva de sus inmoralidades!
Aludiendo a su calidad moral, más que hijo de un "polvo cansado" yo digo que es él es hijo de de un polvo anal.
Aludiendo a su calidad moral, más que hijo de un "polvo cansado" yo digo que es él es hijo de de un polvo anal.
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1 comentario:
guacalaaaaa al gil lo cag...
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